Pocas cosas duelen tanto cómo un sueño roto.
Duele a morir la pérdida de alguien, duele a corazón deshojado el amor
perdido y duele a desesperación las noches oscuras del alma pero un sueño roto, es otra cosa.
Un sueño roto sabe a melancolía, sabe a la tristeza profunda de que
nunca sucederá, huele a derrota en el albero y a suspiro en la inmensidad de las
noches del desierto.
Cualquiera que haya vivido un sueño roto le resonará lo que le hablo.
No hay consuelo inmediato, sólo el abrazarlo como a un niño perdido que ha de
regresar a una isla lejana.
Los sueños rotos existen para recordarnos la fragilidad de
nuestras fantasías, de las expectativas creadas. Existen para recordarnos cómo
somos y de qué pie cojeamos.
Deshacer el camino al andar...
Deshacer el camino al andar...
Sin ellos no seríamos capaces de crear nuevos anhelos, de tener raíces de
roble y corazón vulnerable.
Sin ellos se nos olvidaría que la Tierra emana un amor infinito hacia nosotros y nos recuerdan decirle a la Vida: Honro y Respeto mi Destino.
Sin ellos se nos olvidaría que la Tierra emana un amor infinito hacia nosotros y nos recuerdan decirle a la Vida: Honro y Respeto mi Destino.
Para mi amiga y maestra Paula
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