Hay veces en las que una ha de deshacer la maleta.
Hay un momento en el que reconoces que no vas a ir a ninguna parte.
No contigo.
Hay veces que te quedas mirando la maleta preparada como si eso cambiase algo.
Hay un momento en el que abrir la cremallera y guardar la ropa es demasiado duro.
Otra vez.
Cuando la historia se repite no es por casualidad.
Deshagamos pues, y una vez más, esa maleta.
Quizás en la próxima, la aventura sea diferente.