sábado, 6 de diciembre de 2014

Lo que no dicen de ti.

Lo que no dicen de ti es que te cantábamos La Virgen de la Paloma y te entraba la risa floja.
Lo que no dicen de ti es que te gustaba el pincho de tortilla de Pepa y el conejo al ajillo pastor que te preparaba mi madre.
Lo que no dicen de ti es que casi todos los taxistas de Madrid te conocían y que a las ocho de la mañana ya estabas mandándonos mensajes.
Lo que no dicen de ti es que tu mesa era un desastre y que los números de teléfono te los sabías de memoria.
Lo que no dicen de ti es que a medio día y sutilmente hacías que la madre comiese fruta.
Lo que no dicen de ti es que casi siempre llegabas con el abrigo desabrochado, el sombrero torcido y la bufanda roja sin rodearte el cuello.
Lo que no dicen de ti es la mirada nostálgica que ponías cuando hablabas de tu padre y los trenes.
Lo que no dicen de ti son tantas cosas que sólo las saben los que se cogían de tu brazo para caminar despacio.
Lo que no dicen de ti es que eras amante y amado, caballo salvaje, luz y sombra, genio y figura, búho sagaz, águila inmensa, libro babilónico, pincel impaciente, lengua mordaz, corazón vivo.
Lo que no dicen de ti es que tu silencio acallaba a los presentes, que tu presencia nos ponía en firme, que tu ternura nos encogía el alma y que tu risa era un virus contagioso.
Lo que no dicen de tí es que eras capaz de hacer veinte cosas a la vez y de volvernos locos con tus idas y venidas.
Lo que no dicen de ti son los apodos cariñosos y la mirada de amor y admiración que muchos te teníamos.
No pueden decirlo.
Y es que nuestros recuerdos sobre ti, permanecen en silencio y secretamente abrigados por nuestro corazón.

Para A.
Gracias, Maestro.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Parodia de la Ira


(Monólogo excéntrico para actores con azufre) ©

Mataría a los de Podemos y las plataformas ciudadanas.
Lo ha dicho Albert Plá y me causa un profundo dolor no haberlo dicho yo antes, públicamente.
Cuando tomo el sándwich de la merienda, se me repite el ajo.
No soporto a la gente que se queja. Esos que están todo el día llorando y colgando gilipolleces por el facebook: que si animales muertos en tal sitio, que si salvemos a no se quién de no se dónde que ni ellos saben dónde queda eso y, bueno, ya sabes a quiénes me refiero.Te los encuentras en la cola del supermercado quejándose, en el campus universitario con cara insufrible o en un bar hablando de lo jodido que está todo y lo mal que están ellos porque todo está muy mal.
Te diré una cosa: no son tan buenas personas como se creen.
Me encanta la casera de naranja, aunque la verdad, la prefiero de limón.
Yo sería una dictadora cojonuda.
Le diría a las gentes: poneos aquí y ahora decid patata. Luego bailaríamos el boggie-boggie y cuando me llamase el presidente de algún sitio le diría a mi secretario: ahora no, estoy comiendo mi cruasán de chocolate.
Me parece que es así como se hace pero no estoy segura porque la política me importa una mierda.
Tienes el pelo grasoso y Stephen Hawkins es un memo. A quién le importa los agujeros negros del espacio o si el universo se curva o si la vida se creó de ésta o aquella forma.
Es otra manera más de perder el tiempo.
Si yo trabajase en un Burger King pensaría en la teoría de las cuerdas mientras pongo una triple whooper. Sabes, no me queda claro, exactamente, qué clases de cuerdas son. Sólo a los músicos les importa el número de cuerdas que hay en un violín  y, ni siquiera a todos, al que toca el triángulo no le importa nada. Por eso toca el triángulo. Una persona que le importe cualquier cosa no podría tocarlo.
Yo creo que lo haría bien.
Mi vecina de al lado es imbécil y le cruzaría la cara mientras suena Kate Bush.
La gente es que es muy ordinaria ¿sabes?, bueno, tú  me conoces y no soporto la vulgaridad por eso tarareo cualquier canción inventada mientras hago canapés minúsculos. Está bien, no pongas esa cara, sinceramente,  ya ni eso me preocupa.
Habría que fusilar a todos los quejicas, a los que pierden el tiempo y a los que no les importa nada pero claro, no quedaría nadie.
No me mires así, ahora te echo el pienso.

miércoles, 11 de junio de 2014

Los Sueños Rotos



Pocas cosas duelen tanto cómo un sueño roto.
Duele a morir la pérdida de alguien, duele a corazón deshojado el amor perdido y duele a desesperación las noches oscuras del alma pero un sueño roto, es otra cosa.
Un sueño roto sabe a melancolía, sabe a la tristeza profunda de que nunca sucederá, huele a derrota en el albero y a suspiro en la inmensidad de las noches del desierto.
Cualquiera que haya vivido un sueño roto le resonará lo que le hablo.
No hay consuelo inmediato, sólo el abrazarlo como a un niño perdido que ha de regresar a una isla lejana.
Los sueños rotos existen para recordarnos la fragilidad de nuestras fantasías, de las expectativas creadas. Existen para recordarnos cómo somos y de qué pie cojeamos.
Deshacer el camino al andar...
Sin ellos no seríamos capaces de crear nuevos anhelos, de tener raíces de roble y corazón vulnerable. 
Sin ellos se nos olvidaría que la Tierra emana un amor infinito hacia nosotros y nos recuerdan decirle a la Vida: Honro y Respeto mi Destino.

Para mi amiga y maestra Paula


viernes, 18 de abril de 2014

Hay veces en las que una ha de deshacer la maleta.
Hay un momento en el que reconoces que no vas a ir a ninguna parte.
No contigo.
Hay veces que te quedas mirando la maleta preparada como si eso cambiase algo.
Hay un momento en el que abrir la cremallera y guardar la ropa es demasiado duro.
Otra vez.
Cuando la historia se repite no es por casualidad.
Deshagamos pues, y una vez más, esa maleta.
Quizás en la próxima, la aventura sea diferente.