(Monólogo excéntrico para actores con azufre) ©
Mataría a los de Podemos y las plataformas ciudadanas.
Lo ha dicho Albert Plá y me causa un profundo dolor no haberlo dicho yo antes, públicamente.
Cuando tomo el sándwich de la merienda, se me repite el ajo.
No soporto a la gente que se queja. Esos que están todo el día llorando y colgando gilipolleces por el facebook: que si animales muertos en tal sitio, que si salvemos a no se quién de no se dónde que ni ellos saben dónde queda eso y, bueno, ya sabes a quiénes me refiero.Te los encuentras en la cola del supermercado quejándose, en el campus universitario con cara insufrible o en un bar hablando de lo jodido que está todo y lo mal que están ellos porque todo está muy mal.
Te diré una cosa: no son tan buenas personas como se creen.
Me encanta la casera de naranja, aunque la verdad, la prefiero de limón.
Yo sería una dictadora cojonuda.
Le diría a las gentes: poneos aquí y ahora decid patata. Luego bailaríamos el boggie-boggie y cuando me llamase el presidente de algún sitio le diría a mi secretario: ahora no, estoy comiendo mi cruasán de chocolate.
Me parece que es así como se hace pero no estoy segura porque la política me importa una mierda.
Tienes el pelo grasoso y Stephen Hawkins es un memo. A quién le importa los agujeros negros del espacio o si el universo se curva o si la vida se creó de ésta o aquella forma.
Es otra manera más de perder el tiempo.
Si yo trabajase en un Burger King pensaría en la teoría de las cuerdas mientras pongo una triple whooper. Sabes, no me queda claro, exactamente, qué clases de cuerdas son. Sólo a los músicos les importa el número de cuerdas que hay en un violín y, ni siquiera a todos, al que toca el triángulo no le importa nada. Por eso toca el triángulo. Una persona que le importe cualquier cosa no podría tocarlo.
Yo creo que lo haría bien.
Mi vecina de al lado es imbécil y le cruzaría la cara mientras suena Kate Bush.
La gente es que es muy ordinaria ¿sabes?, bueno, tú me conoces y no soporto la vulgaridad por eso tarareo cualquier canción inventada mientras hago canapés minúsculos. Está bien, no pongas esa cara, sinceramente, ya ni eso me preocupa.
Habría que fusilar a todos los quejicas, a los que pierden el tiempo y a los que no les importa nada pero claro, no quedaría nadie.
No me mires así, ahora te echo el pienso.